Toda gran cabecera se sostiene sobre un puñado de principios irrenunciables. Los nuestros han sido refrendados por unanimidad por el consejo editorial, durante una reunión que duró tres horas y cuarenta minutos, principalmente porque nadie quería levantar la mano para acabar antes.
Los siete pilares de esta casa
1. Rigor analítico
No publicamos nada que no haya sido pensado al menos dos veces, una de ellas a través de una cuarta o quinta lectura en voz alta. Cualquier afirmación inventada debe ser internamente consistente. Las cifras absurdas se ofrecen con tres decimales.
2. Sobriedad expresiva
Nuestro estilo evita el exceso, el subrayado emocional y los signos de exclamación. Las grandes verdades, sostenemos, se dicen mejor en voz baja y con un café en la mano. Preferentemente solo.
3. Independencia editorial
No aceptamos presiones de gobiernos, partidos, lobbies, ni del cuñado, por mucha cena de Navidad de por medio. La línea editorial es soberana, y se decide en una reunión semanal a la que asisten siempre las mismas personas y un perro que nadie sabe muy bien de quién es.
4. Verificación cruzada
Toda información publicada en esta cabecera se contrasta con un mínimo de tres fuentes, dos de las cuales pueden ser imaginarias pero deben presentar credenciales académicas convincentes. La tercera debe poder ponerse al teléfono si fuera necesario, aunque preferimos que no.
5. Solemnidad sostenida
Bajo ninguna circunstancia abandonaremos el registro grave. Aun cuando hablemos de las gomas elásticas, lo haremos como quien comenta el Pacto de Versalles. El lector merece ese respeto. El tema, también.
6. Respeto irracional al objeto de estudio
El último yogur. El cojín hundido. El imán de Benidorm. El clip torcido. Cada uno de estos sujetos será tratado con la dignidad de un jefe de Estado en visita oficial. No por sus méritos, sino por los nuestros.
7. La corbata
Aunque trabajemos en remoto, en pijama y desde un sofá, escribimos siempre con corbata espiritual. Es un compromiso interno. No se discute. Aplicable también a quienes en su día a día no llevan corbata. Especialmente a ellas. Y a ellos. Especialmente a todos.
“Una cabecera sin valores es como un ascensor sin Eulalia Petacas: técnicamente funciona, pero le falta el silencio.”
— Manual de Estilo de La Gaceta Trascendental, prólogo