MADRID / TERUEL. Un estudio coordinado entre el Instituto Hidrosocial del Tajo y la Asociación Iberoamericana de Bebedores de Fuente Pública (AIBFP) ha concluido, tras seis años de trabajo de campo, que España ha perdido 14.812 caños públicos en activo desde 1987. La cifra, presentada esta semana en un seminario en Albarracín, supone una contracción del 67% de la infraestructura nacional de hidratación libre y abre, según los autores, “un capítulo desolador en la historia del paisaje civilizatorio peninsular”.
Una infraestructura olvidada
La fuente pública ha sido durante siglos uno de los pilares discretos de la convivencia ibérica: punto de encuentro, escenario de chismorreo de barrio, escala obligada en cualquier paseo, y refugio de generaciones de niños sudorosos. Hoy, sin embargo, su desaparición avanza con paso firme y sin oposición política significativa.
El director del estudio, Prof. Heliodoro Fontán-Calleja, catedrático de Hidrología Aplicada de la Universidad de Teruel, no oculta su preocupación: “Cada caño que se cierra es una pequeña catástrofe civil. No se está prohibiendo el agua: se está suprimiendo el gesto”.
“No se prohíbe el agua. Se suprime el gesto. Y un país sin caños es un país que, poco a poco, se olvida de cómo se inclinaba a beber.”
Prof. Heliodoro Fontán-Calleja
Las tres familias de fuentes amenazadas
El equipo investigador ha establecido una taxonomía operativa en tres grandes categorías, todas ellas en retroceso documentado:
- Fuente de plaza mayor. La más visible, generalmente con pilar central, querubines deteriorados y un caño que no manaba ni en su mejor momento. Funcionalmente decorativa, simbólicamente esencial.
- Fuente de parque municipal. Cuatro caños bajos en círculo, con dos siempre averiados. Punto neurálgico de la hidratación infantil entre 1962 y 2003. Hoy frecuentemente acordonada con cinta de obra.
- Fuente del cementerio. Anómala, casi conmovedora. Su agua nunca se ha bebido, pero su existencia daba sentido a la jarra de las flores. La más resistente al cierre, por motivos litúrgicos y prácticos.
El gesto perdido
Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio se refiere a lo que los autores denominan “declive del gesto de inclinación hidratante”. El equipo ha observado que el 84% de los menores de doce años nacidos después de 2013 no sabe beber de un caño público sin mojarse íntegramente el flequillo, la camiseta o ambos.
La técnica, en otras épocas transmitida de generación en generación —”se ahueca la mano izquierda, se inclina el cuello, se acerca la boca a la palma, no al caño directamente”— se está perdiendo a un ritmo de un 2,4% anual.
Causas estructurales
- El auge de la botella de plástico individual, que ha desplazado el ritual colectivo hacia el consumo solitario.
- Las nuevas normativas sanitarias, que exigen analíticas trimestrales costosas, especialmente onerosas para municipios de menos de 800 habitantes.
- El miedo al “agua amarga”, ese sabor metálico residual que en realidad era parte del encanto y que las nuevas generaciones rechazan sin haberlo conocido.
- La pérdida progresiva del fontanero municipal, figura crucial en cuyo retiro nadie ha pensado en sustituir.
Una hoja de ruta para la recuperación
El estudio propone una Estrategia Nacional del Caño Público 2027–2040, articulada en torno a tres ejes operativos: rehabilitación de la red existente, formación de monitores en técnica de bebida inclinada, y declaración de las cien fuentes más representativas como Bien de Interés Cultural Hidráulico (BICH). El Ministerio para la Transición Ecológica ha solicitado el informe completo. Por escrito.
Fontán-Calleja, en una declaración final difícil de no compartir, lo resume con una imagen: “Mientras quede un caño goteando, queda algo de ese país que pudo haber sido. Hay que defenderlos uno a uno”.
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