Pocas figuras del siglo XIX español han contribuido tan decisivamente —y con tan escaso reconocimiento— a configurar nuestra cultura cotidiana como Don Vicente Calabacín Mendieta (Soria, 1812 – Soria, 1894). Considerado por la nueva escuela de historiadores del comportamiento como “el primer hombre que se quejó por escrito de la temperatura de la sopa”, su legado pervive cada vez que alguien dice “no es por nada, pero…”.
El método Calabacín
Lejos del exabrupto y del estallido emocional —dominantes en la queja popular de la época— Don Vicente desarrolló un sistema riguroso articulado en tres tiempos:
- El suspiro preparatorio, audible pero ambiguo.
- La frase introductoria neutra, generalmente “yo no quiero molestar, pero…”
- El despliegue, que podía extenderse hasta cuarenta minutos sin elevar la voz.
Sus quejas se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Soria, ocupando 14 cajas y 3 carpetas. Destacan, por su elegancia, la Queja sobre la inclinación del adoquinado de la calle Real (1856) y la monumental Queja general sobre el ruido que hace el vecino al cerrar el portal, en cuatro volúmenes.
Reconocimiento académico
“Antes de Calabacín, la queja era un acto. Después de Calabacín, fue un género literario. Y luego, un modo de vida.”
— Catedrática Inmaculada Bardenas, Universidad de Soria
Las jornadas internacionales “Quejarse hoy: el legado de Calabacín” celebradas cada otoño en su localidad natal congregan a destacados especialistas, que invariablemente comienzan las sesiones quejándose del horario, la organización y el café.
Últimos años
Don Vicente falleció a los 82 años, en su domicilio, mientras redactaba la que iba a ser su obra magna: una queja general sobre “el ruido que hacen las aves al amanecer”. La obra quedó incompleta. Los pájaros, lamentablemente, no.
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