SALAMANCA. Un equipo interdisciplinar formado por filólogos, dendrólogos y semiólogos de la Universidad de Salamanca ha publicado esta semana en la Revista Internacional de Estudios Arbóreos Aplicados los resultados de una investigación sin precedentes: el primer catálogo sistemático de los corazones grabados en los plátanos de sombra de las plazas de España. Un trabajo de campo de nueve años que ha analizado 4.812 árboles en 217 municipios y que arroja una conclusión inquietante: las iniciales talladas en la corteza están desapareciendo, y nadie lo está documentando.
La hipótesis fundacional
El proyecto, dirigido por la profesora Dra. Trinidad Almendral-Ruiz, parte de una premisa de aparente sencillez pero notable profundidad: los corazones grabados en árboles constituyen el archivo amoroso más extenso y mal conservado del país. Cada inscripción —una pareja, una fecha, ocasionalmente una flecha y, en los casos más comprometidos, una tercera inicial añadida con caligrafía claramente distinta— es un documento humano de primera magnitud.
“Hemos catalogado más historias de amor en cortezas que en cualquier archivo del Estado. Y se nos están perdiendo, una por una, por la sencilla razón de que los árboles crecen y nadie las copia.”
Dra. Trinidad Almendral-Ruiz
Hallazgos cuantitativos
- De los 4.812 árboles examinados, el 71,4% presenta al menos una inscripción amorosa; el 14,2% acumula tres o más.
- El plátano de sombra es, sin discusión posible, el árbol preferido para esta práctica (corteza lisa, blanda al cuchillo, regeneración lenta). Le siguen el chopo (Q. populus) y, sorprendentemente, el aligustre japonés en zonas residenciales.
- La inscripción más antigua datada con seguridad: “E. + V. 1953”, en el plátano número 4 del Paseo del Salón de Plasencia. La pareja, según el censo, se casó. Y duró.
- El año de mayor producción epigráfica fue 1987, seguido del verano del 2004.
- El 17,8% de los corazones contiene una tercera inicial añadida posteriormente, en caligrafía distinta y, en ocasiones, con tachadura encima. El equipo lo denomina “el reescrito sentimental”.
El árbol que recuerda
Una de las aportaciones más originales del estudio es lo que sus autores han bautizado como “hipótesis del árbol-testigo”. La idea es la siguiente: aunque el árbol crece y la inscripción se deforma con los años, el corazón no desaparece: se eleva. Lo que en 1986 se grabó a la altura de la mano, en 2026 se encuentra dos metros y medio por encima. La memoria, en sentido estrictamente botánico, sube.
“Es”, explica la profesora Almendral-Ruiz, “como si los árboles cargaran con el archivo emocional del barrio hacia el cielo, sin que nadie se lo haya pedido y sin protestar”.
Las amenazas
El catálogo identifica cuatro grandes factores que amenazan este patrimonio:
- Las podas radicales municipales, particularmente las realizadas en los meses de febrero, que con frecuencia eliminan ramas completas con corazones de más de cuarenta años.
- La sustitución de plátanos por especies “más urbanas” (lo que los autores definen, sin esconder el desdén, como “el síndrome del jacarandá ornamental”).
- La pérdida cultural de la navaja de bolsillo entre las nuevas generaciones, lo que ha reducido la producción epigráfica un 71% desde el año 2010.
- La preferencia contemporánea por el candado en puente, formato emocional alternativo pero, según el equipo, “sin el aliento orgánico del corazón en corteza”.
Próximos pasos
La universidad ha solicitado fondos europeos para la creación de un Archivo Nacional del Corazón Tallado, que pretende digitalizar el 100% de las inscripciones existentes antes de 2034. La iniciativa cuenta con el apoyo, ya formalizado, de tres ayuntamientos rurales y de la Asociación para la Recuperación de las Figuras Olvidadas de la Historia Universal.
La profesora Almendral-Ruiz, en una declaración final dirigida al lector, lo deja claro: “Si usted tiene un corazón grabado en un árbol de su pueblo, escríbanos. Tráigase una foto. Y, sobre todo, no se pase por allí con una navaja a ‘refrescarlo’. Eso destruye más patrimonio que un incendio”.
Esta crónica forma parte del seguimiento permanente de esta cabecera sobre los avances en disciplinas habitualmente subestimadas. Más sobre nuestros valores editoriales y el equipo de redacción.
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