Aunque la historia oficial ha consagrado a otros nombres del periodo eduardiano, conviene rendir hoy el tributo debido a Don Crispiniano Lerma del Pozo (Cádiz, 1869 – Liverpool, 1934), considerado por los especialistas más rigurosos como “el primer hombre que convirtió el bostezo en una práctica profesional remunerada”.
Una técnica revolucionaria
Mientras sus contemporáneos consideraban el bostezo un acto involuntario y vagamente embarazoso, Don Crispiniano desarrolló a partir de 1893 una metodología en cuatro fases: apertura controlada, sostén respiratorio, modulación tonal del suspiro final y, lo más importante, la mirada al reloj inmediatamente después, gesto que, en sus propias palabras, “cierra el bostezo como una sonata”.
Reconocimiento internacional
Hacia 1905 fue invitado a las cortes europeas como bostezador residente, función que desempeñó alternativamente para el archiduque de Mecklemburgo y para una baronesa belga aficionada a las matinés. Sus bostezos eran cobrados, según consta en los archivos, “a tanto la pieza, con suplemento si se contagiaba al público”.
“Cualquiera puede bostezar. Lo difícil es bostezar con autoridad.”
— Don Crispiniano Lerma, en entrevista para The Liverpool Echo, 1912
Discípulos y herederos
Su escuela, la Lerma Method School of Professional Yawning, mantuvo sus puertas abiertas en Mersey Street hasta 1928. Entre sus alumnos célebres figuran, según los archivos:
- Ernesto Tamariz, primer bostezador en bostezar en cine sonoro (1931).
- Lady Beatrice Hollingworth, especializada en el bostezo en reuniones de junta directiva.
- El joven Reginald Pertwee, que más tarde renegaría del oficio para dedicarse a la jardinería.
Muerte y trascendencia
Falleció en Liverpool en 1934, según las crónicas, “en mitad de un bostezo particularmente largo y bien ejecutado”. Está enterrado en el cementerio de Allerton; sobre su tumba, una inscripción discreta: “Vuelvo en un momento”.
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